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Serenata
Despierta,
hermosa señora,
señora
del alma mía:
den
luz a la noche umbría
tus
ojos que soles son.
Despierta,
y si acaso sientes
tu
corazón conmovido,
es
que responde al latido
de
mi amante corazón.
Oye
mi voz.
La flor más pura y galana
que
el abril fundo adora,
al
despuntar de la aurora
perfuma
el primer albor
pero
es mil veces más puro
de
tu boca el blando aliento
si
perfuma en torno el viento
tierno
suspiro de amor.
Oye mi voz.
Adiós,
mis dulces amores,
que,
envidiosa el alba fría,
ya
raya en Oriente el día
por
turbar nuestro placer:
adiós
señora: mi alma dejo,
al
partirme, contigo:
amante
triste, maldigo,
Aurora,
tu rosicler,
guárdame fe.
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