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Piedra
y Almohada
Toma la piedra y hazla almohada. Como hizo Jacob:
Tomó una de las piedras del lugar y en ella apoyó su cabeza, y allí soñó la escala que unía cielo y tierra y en ella vio a los ángeles que subían y bajaban… Y arriba, al final, estaba Dios.
En mullidas almohadas se logran mullidos sueños para una mullida vida sin sentido. Hay que salirse del confort de lo establecido, de la comodidad de la rutina, de las prisiones apaciguadoras.
Hay que irse, exiliarse, arrojar el sí mismo petrificado, fotografiado, solidificado, vida hecha piedra, en pos de la piedra que ha de volverse vida.
Tomó una piedra del camino, Jacob, e hizo de ella un sueño, un sueño de trabajo, de subir y bajar.
Toma tu exilio, tu salida, tu partida, y transfórmalo en sueño. Eso hizo Jacob, y aconteció Dios. Dios es acontecimiento o no es. Si lo tienes, no lo tienes. Dios es la palabra y el mandato, la presencia que acontece y desaparece, el trabajo de llegar a la cumbre y recuperar el descenso para recuperar el nuevo ascenso. Mientras vivas.
Si lo tienes no es vida, es piedra. Si lo vives, nada es piedra, todo es escalera.
Dios le habló. Feliz del hombre que escucha la voz de Dios. Está. Está siempre. El que no está siempre soy yo.
Soy un amasijo de voces que me arrastran, que me llenan, que me preñan de pirámides, de tesoros, de frases hechas, de ideas para el estupor, tan lleno estoy que no alcanzo a percibirla.
Cuando me vacío, cuando de pronto me abro en el Dalet, en la puerta, aparece, ahí está, se oye, se capta y es mensaje, es mandato, es envío hacia un destino.
Acontecimiento.
La voz se da, está, nunca falta. El que falta suelo ser yo, el que no oye, el que cierra la puerta, cerrándome ante el otro, negándome a la convocatoria erótica.
La voz está. Hay que esforzarse y oírla. Para ello hay que desechar otras voces.
Estamos llenos de voces, de llamados, de reclamos, de deseos de poder, gloria, conquista, dominio, poder, tenencias, posesiones, voces utilitarias, voces de negocios, voces de ganarles a otros, voces de estar primeros en algún ranking, de vencer en alguna competencia. Ésta es la muralla que impide oír a Dios.
¡Shema, Israel! ¡Oye, Israel!
Desentumece tu oído, tira abajo la muralla, arroja los muros de la vanidad, si es que quieres oír. si no oyes, no hay Dios, eres tu mismo dios.
Oír es abrirse, escuchar es dejarse fecundar por la creación y hacerse parte de ella, y crear, es decir volverse socio de Dios.
Entonces los ángeles suben y bajan, los envías y se te devuelven.
El trabajo es todo tuyo, criar ángeles, abrir oídos, hacerte puerta de la eternidad.
¡Oye! ¡Qué difícil es oír! Hay que empezar desde abajo, oyendo al prójimo, escuchando al vecino, al más cercano, a tus seres queridos. ¿O es que sólo quieres tenerlos como se tiene una cuenta bancaria, que se deja reposar y que crece sola?
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