P E R I O D I C O   C U L T U R A L

N° 12 - 22 de Julio de 2004

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Recuerdos Gratos de "Recuerdos Gratos"

 

Nuestra página, en su edición nº 12, quiere compartir ( para hacer honor a su nombre ) los recuerdos más gratos en la vida de la mayoría de los seres humanos, que son, en general, los de la infancia. Para ello ha elegido la visita a una exposición que permanecerá abierta para ser disfrutada hasta el 31 de agosto próximo, en el Museo de la Ciudad     ( Defensa 219  - Cap. Fed. – De Lunes a Viernes de 11 a 19 y los Domingos de 15 a 19 ) Fuimos a la muestra en este museo que dirige el arquitecto José María Peña ( quien, con sus propios conceptos va dándole forma a un texto que acompaña al visitante ) porque queríamos que Uds. participaran con nosotros de este ¨recorrido virtual¨ por la niñez. Obviamente, los invitamos a hacerse de un tiempito para ir al pequeño pero muy importante museo porteño que alegrará los corazones apenas entren en contacto visual con los juguetes allí expuestos.
Explica el Arq. Peña algo que es interesante para quienes recorren el lugar.

Los porteños vuelven a jugar y a divertirse con los juguetes de ayer.

No es casual que una de las colecciones con mayor cantidad de piezas del Museo de la Ciudad sea la de los juguetes; otro tanto sucede con todo lo que tiene que ver con el tema de los colegios. Quizás la explicación radique en el período de la vida en que esto sucede, la infancia, y la relación con los padres y demás miembros de la familia además de los primeros amigos.

En aquellos años, todo era bueno para jugar y no pocas veces los juguetes más simples y humildes llegaban a ser los preferidos. La muñeca de trapo con trenzas de lana era mucho más abrazable que la que tenia cabeza de porcelana ( por lo menos el golpe de las cabezas en la cama era mas acolchado).

Que hubiese juguetes para chicas y juguetes para varones era comprensibles y además lógico; aunque no creemos que lo lógico tenga mucho atractivo para los chicos. En sus mentes jugó y juega, por suerte, la fantasía. Este último juguete o diversión flota en nuestras salas durante la exposición y se adormecerá un poco, no mucho, cuando lo expuesto vuelva a sus cajas al terminar la muestra.

Observar un juguete que pudo ser nuestro nos mueve el piso al hacernos retroceder en el tiempo. Esto no debemos verlo nostálgicamente ( sensación difícil de resistir ) sino como la certeza de haber vivido, y en algunos casos haber compartido; aunque los chicos son celosos de sus juguetes.

¨El pulgar descargó su fuerza sobre la bolita que emprendió rauda el camino imaginado por Jorgito, perfecto para llegar hasta el Hoyo. La bolita fue dejando su marca en la tierra blanda hasta que la piedrita de porquería la desvió, había perdido. La revancha vendría cuando jugasen a ¨arrimar¨ las chapitas de los chocolatines ¨Starosta¨

Pocas veces nos detenemos a pensar que el recuerdo de la infancia y como nos divertíamos y jugábamos está estrechamente ligado a los cambios que sufre la ciudad. Si el juego de la bolita se llevaba a cabo en una plaza o en la vereda de tierra; si en la primera había granza de ladrillo había que buscar la zona donde las raíces de los grandes árboles liberaban un sector. No olvidemos tampoco el terreno del fondo ¡Cuántas casas de barrio lo tenían! Aquí cada uno feche sus recuerdos. Ya no hay veredas de tierra, la granza ha desaparecido de muchas plazas y fondos son pocos los que quedan con tierra.

Los juegos a principio del siglo pasado incluían la imaginación de manera especial; en aquellos tiempos era, mucho más que en la actualidad, propiedad de los menores.

Los roles no se confundían.

Estaban claramente diferenciados los juegos de interior de los que necesitaban el aire libre y considerable espacio, y dentro de estos los que se realizaban individualmente o los que requerían más de un participante. La imaginación estaba especialmente excitada gracias a la lectura, quizás debiésemos decir diversión.

Los textos para niños abarcaban desde los cuentos de hadas, las fábulas o la mitología adaptada a su mentalidad. Para los más grandes JulioVerne y Salgari, entre otros, fueron los exaltadores de la aventura y los viajes exóticos; no pocos tuvimos nociones de geografía gracias a ellos. ¨Veinte mil leguas de viaje submarino¨ o ¨Las aventuras del León de Damasco¨ son solo dos nombres de una larga lista que los chicos de once, doce y hasta quince años virtualmente ¨devoraban¨.

Durante años continuaron vigentes los barriletes, sobrevolando las terrazas de Buenos Aires o en los potreros y baldíos en los que también se jugó al fútbol ( antes le decíamos ¨football¨). Más de una fotografia ha documentado al novel jugador arrodillado o en cuclillas junto a la pelota.

Quien más quien menos en algun cajón guarda una fotografia de su niñez con o junto a algún juguete. A fines del siglo xix y hasta alrededor de 1910 era habitual que en estudios fotográficos se retratara a los niños sobre o de pie junto a un caballo convertido en triciclo. También hay fotografías en las que aparecen niños pequeños dentro de un cisne con ruedas.

Cuando la maquina fotográfica se popularizó, padres o tíos orgullosos fotografiaban a los menores en la playa con sus baldes, moldes y palas de latón, o abrazados a sus muñecas y animales de peluches. Estos animales, especialmente los perros y los osos, tenían especial fascinación para los pequeños; los apretujaban en fuertes abrazos, dormían con ellos y la adoración no decrecía cuando les faltaba una oreja o había perdido alguno de sus brillantes ojos de vidrio.

Para los varones de tiempo atrás pocos juguetes tenían mayor atracción que los soldaditos de plomo, el mecano y los trenes, especialmente los eléctricos. A ellos debemos sumarles las cajas con elementos para construir casas. Obviamente, estos eran juguetes caros, no obstante lo cual tenían sus sustitutos accesibles. En contraposición a los soldados con volumen, brazos articulados y pintados de acuerdo a modelos establecidos, estaban los casi planos con una simple base rectangular y que podían no estar pintados.

Los mecanos tenían varios modelos según su costo, no obstante lo cual podía ser incrementados gracias a un completísimo catálogo de piezas. Otro tanto sucedía con las cajas con piezas para armar construcciones.

Un caso particular fueron los trenes, que en pocos casos eran adquiridos por los padres para poder jugar con ellos... Las vías se compraban en módulos con lo cual el recorrido podía ser muy simple o pasar de una habitación a la otra. Demás esta decir que había estaciones, cabinas de señales y todo lo que implicaba un ferrocarril. La versión accesible era mucho más modesta con simples locomotoras y coches de latón con o sin articulación entre ellos llegando a no tener vías; la imaginación suplía las carencias.

Es interesante descubrir que estos tres tipos de juguetes estaban relacionados directamente con algo que no se podía comprar: ¨las ganas de impulsar y construir¨.

Las chicas mientras tanto tenían predilección por todo lo que fuese hacer las mismas cosas que sus madres, dentro de lo que cabía el vestirse con sus ropas. Curiosamente la ropa de sus madres, tías o abuelas se convertían en juguetes insustituibles.

Las muñecas eran desvestidas y vueltas a vestir; la muñeca ¨Marilú¨ en las décadas de 1930 y 1940, tenían un variado ajuar y su propio dormitorio con cama, ropero y mesas de luz. No casualmente eran tan exitosos los muebles en miniatura; igual que antiguamente las casas de muñecas. Las chicas llevaban a pasear a sus muñecas por la casa, la vereda o la plaza, en réplica a su escala de los cochecitos para bebés o les hacían tomar el té en vajilla de miniatura. Al igual que las de los mayores, la vajilla de las muñecas podían ser de loza, enlozada y de porcelana.

En este mundo ¨reducido¨ tenían lugar las maquinitas de coser y las cocinas, en alguna de las cuales hasta se podía cocinar de verdad.

No sería justo olvidarnos de aquellos juegos que hacemos bautizado ¨fuelles¨ . ¿Por qué fuelles? Porque si bien se jugaba entre chicos no pocas veces intervenían los ¨grandes¨; nos referimos a entretenimientos como el ¨Juego de la Oca¨, el ¨Ludo¨, el ¨Dominó¨, ¨las barajas¨ o el ¨Estanciero¨.

Los sonidos infantiles a veces se creen olvidados, pero allí esta el de los dados dentro del cubilete de cuero para el ¨Juego de la Oca¨ , la explosión de las cebitas en los revólveres de latón o el zumbido del trompo, que en ciertos casos tenían una música especial.

Como dice el arquitecto Peña, ¨la idea es comprender que alguna vez se comenzó a jugar, que más tarde, de manera diferente, se siguió jugando y que esta buena y saludable costumbre no debe olvidarse¨.

Una expresión de Peña nos convence  de que, también en la adultez, ¨jugar ayuda a vivir¨...

¨De cualquier manera sonría, que es jugar a ser feliz¨, nos comenta con convicción, desde el texto que preparó.

Agradecemos al director del Museo de la Ciudad, el Arq. José Maria Peña, porque se preocupa y se ocupa de dar lo mejor, en sus exposiciones y en sus charlas y artículos, a los ciudadanos de Buenos Aires, y siempre lo hace con ese toque de amabilidad tan característico en quienes gustan mezclar los recuerdos gratos con la nostalgia y la intelectualidad  con lo cotidiano, eso que atrae en las exposiciones de este museo situado a 100 metros de la Plaza de Mayo.

Roberto Bolan

(Una persona adulta que no perdió la fascinación por los juguetes)
Historiador - Investigador

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