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El
beso
Desde hace unos diez años, en la Argentina, se inició una linda costumbre que es cambiar golosinas por un beso en la “Semana de la Dulzura” que va desde el día primero de julio hasta el siete. Por esa razón, del dulce de los chocolates o de los caramelos de la semana pasada me fui a una reflexión del mismo sabor y comencé a
preguntarme cosas como estas: ¿Cuándo se dio el primer beso? ¿Entre quiénes fue? ¿Qué tipo de beso fue? Algo me respondía que quizás haya sido el de despedida entre el cielo y la tierra; entre la luz y la oscuridad, entre el mar y la playa. Sí, porque el beso no es sólo humano, la naturaleza también lo tiene incorporado como gesto de afecto, de atención, de dedicación.
El cantante y compositor Gilbert O’Sullivan en uno de sus éxitos, “¿Qué hay en un beso?”, leiv motif de la Semana de la Dulzura en estas pampas, es otro que osa meterse en el complicado universo de una de las herramientas maravillosas que despliega el amor. Y, ¿qué puede haber?: no sólo amor, afecto, reencuentro, acuerdo, pasión sino también traición, como el de Judas a Jesús al entregarlo a sus captores. Por eso decía que tiene una química complicada, ¿no?
Los hay en la realidad, los hay en la ficción. May Irwin y Jonh C. Rice fueron los primeros en darse un beso en la historia del cine (por lo menos aquí sí sé quiénes fueron los primeros). Era una película que precisamente se llamó “El Beso”, fue producida por Edison y se estrenó con enorme escándalo en febrero de 1896. Irwin y Rice unían sus labios, casi con inocencia por sólo cuatro segundos. Cortísimo tiempo, aunque suficiente para que los pacatos de la época considerasen que la escena era un atentado contra la moral y las buenas costumbres. A consecuencia de ello, se formó la primera comisión de censura cinematográfica, que dictó un decreto: en lo sucesivo los besos en pantalla no podrían durar más de dos segundos. Por fortuna, les hicieron poco caso: en “You're in the army now”, de 1940, Jane Wayman y Regis Toomey se besaron a lo largo de tres minutos y cinco segundos. Actualmente, los besos cinematográficos son tan apasionados y genuinos como los que se dan más allá de las cámaras. No se rigen por normas y tiempos preestablecidos. Nada queda de ese restrictivo decreto de fines del siglo pasado. Algo menos amplio pero igualmente intenso que el beso de Wyman y Toomey, fue el que se prodigaron Cary Grant e Ingrid Bergman en “Tuyo es mi corazón”. Los hay más cortos, pero muchísimo más bellos. En esa categoría se lleva los mayores lauros el que inmortalizara Alfred Hitchcock en “La ventana indiscreta”: James
Stewart y Grace Kelly consiguieron un beso perfecto: dura menos de un minuto, pero
exigió 87 ensayos previos (¡¡wow!!).
“Lo que el viento se llevó” debe su fama no sólo por haber sido una de las películas más taquilleras, también es célebre por el beso que Clark Gable le da a Vivian Leigh, considerado uno de los más apasionados. Desde aquél febrero de 1896, el beso se ha convertido en el elemento indispensable de toda película; como en la vida misma. (Un chuiiik a la revista “Conozca Más”, 1995)
Besos de madre, besos de tía, besos en la frente, besos de boquitas pintadas, besos inocentes, besos apasionados y que quitan el aliento, besos franceses, ósculos (qué feo que suena esto), besos en las dos mejillas, piquitos, besos distantes, chupones (otro que suena feo), besos de reconciliación, besos mafiosos, besos de fuego, besos robados, besos que nunca se dieron, besos en el aire, besos al aire, besos que se dan, besos que se reciben, besos tontos, besos importantes, besos de respeto, besos que no se olvidan (suspiros), besos en la calle, besos en la plaza, besos a lo Valentino, besos que hacen escuchar música de violines, besos ruidosos, besos a escondidas, besos, besitos y besotes
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A usted que me está leyendo seguro que se le ocurren unos cuantos más que son de su cosecha personal, por eso invito a seguir completando esta lista en el espacio destinado a tal fin y si alguno sabe cómo comenzó esta costumbre para el mundo occidental sería fabuloso que lo revelara aquí en Recuerdos Gratos, ¿no les parece?
Bueno, me voy despidiendo con un “beso”.

Diana Oves, directora de
Recuerdos Gratos, junto a María Laura Paz, columnista del
Periódico
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